Recién inaugurada en nuestra firma, el ÁREA ACOSO ESCOLAR /BULLYING, como punto de partida para el funcionamiento de la misma, se ha organizado esta UNIDAD DE INDAGACIÓN, con el objetivo de recopilar datos e informes, estudios, protocolos y recomendaciones, que se proponen por fundaciones, asociaciones y otros entes pro infancia, así como del estudio técnico jurídico relativo a la propuestas legislativas, protocolos legales y normativa estatal y autonómica vigente aplicable.

De nuestro primer examen realizado podemos extraer los siguientes puntos de partida:

1º. Inexistencia de legislación especial que otorgue una protección especializada y privilegiada para los menores en materia de acoso escolar en desagravio comparativo con otros colectivos que si reciben esa especial protección; ver, la violencia de género.

Del estudio llevado a cabo por este área, debemos resaltar que no hemos encontrado propuestas que aboguen por exigir al legislativo la creación de normativa que regule forma especial esta materia, y que abogue por el otorgamiento de una protección especializada, exigiendo el cumplimiento a los centros escolares y docentes, de unos protocolos legales , reales y efectivos, previa consulta a profesionales especializados en esta materia, asistentes, sociales, psicólogos, psiquiatras, personal docente, etc……….
Esto explica por qué los menores y víctimas no encuentran solución a este alarmante problema, que más que erradicarse es está incrementando en los últimos tiempos.
Nos llama la atención que sobre la Mujer se haya logrado, muy acertadamente, que el ordenamiento jurídico dote de una especial protección a este tipo de víctimas, otorgándole un tratamiento especializado e individualizado tanto legal, como procesalmente, mientras que para las víctimas del acoso escolar, no exista ninguna protección ni legislación especial al respecto.

2º. Se parte de perfiles de la víctima y no se hace hincapié el del agresor también menor de edad.-
Parece que no se ha aprendido de los errores cometidos en la protección de la violencia sobre la mujer, en los que los juristas tuvimos que luchar frente al habitual cliché en el que los Tribunales, fiscales, abogados, y agentes sociales encuadraban a la mujer víctima de malos tratos por parte del hombre, creando un perfil de la víctima, en lugar de un perfil del agresor.
En este ámbito, hemos detectado en alginas recomendaciones y estudios llevados a cabo por organismos sociales, fundaciones, y Asociaciones, que se estandariza el perfil del menor agredido, resaltando que se suele tratar de niños con poca autoestima, que conviden en ambiente familiar con sobreprotección, pocos populares o valorados entre sus compañeros y con escasas habilidades sociales o de resolución de conflictos.
¿Por qué se debe partir de este cliché? ¿Por qué debemos presuponer los motivos que han llevado al agresor a elegir a su víctima en lugar de centrarse en las causas que afectan a ese menor para agredir a otro?

Por otro lado, es evidente que una víctima de maltrato (tanto físico como psicológico) puede presentar muchos de estos rasgos, y además serán concurrentes en otras víctimas, lo cual puede ser explicado también como consecuencia lógica e inherente del propio maltrato recibido. De tal forma que muchos de estos rasgos podrían ser tanto causa como efecto, por lo que resulta inútil realizar este encuadramiento de perfiles para solventar el problema. Que duda cabe que un menor con pocos recursos sociales y menos autoestima será más susceptible de ser víctima de maltrato o acosos que un menor que tenga mayores recursos sociales, pero ello de “per se” no le predetermina ni excluye su condición de víctima en potencia.
Lo dicho no descarta que sea deseable y recomendable que como medidas preventivas se trabaje en ayudar a los menores que pudieran presentar este tipo de rasgos y por tanto los hiciera más susceptibles o vulnerables, pero no solo en materia de acoso, sino en otros tantos aspectos de la vida,. Es importante que los menores cuenten con mejores habilidades sociales y herramientas que palien el daño, pero ello no puede explicar el maltrato.

Por el contrario, resultan de más utilidad centrarse más en el perfil del agresor, pues servirá para detectar las verdaderas causas motivadoras de este tipo de violencia, contribuyendo a establecer medidas para intentar solventarla. Es evidente que el comportamiento violento que ejerce un menor sobre otros, revela un problema en el niño agresor que le lleva a dañar a otro al que considera “inferior” o “más débil” o distinto a él”,.

Los motivos por los que el agresor elige a su víctima, no pueden funcionar como causas que justifiquen este comportamiento y se traduzcan en la elaboración de un perfil psicológico de la victima, Nos parece inaceptable y no creemos que desde ese prisma se pueda desplegar una ayuda efectiva a la víctima ni que se resuelva el problema.
Por ello, el agresor menor necesita ayuda psicológica, al igual que la víctima agredida, quien más allá de estos perfiles necesita protección inmediata por parte del sistema, y no que se le encuadre en un perfil, ,.El menor agresor es el que debe rectificar su conducta desde la educación, valores, y sobre todo desde la empatía, y el estado y Comunidades autónomas deben articular los mecanismos legales para que los centros docentes y educativos, tanto públicos como privados, cuenten con herramientas para poder controlar y erradicar este tipo de conductas de las aulas, pues en esencia, estos niños son el futuro de la sociedad que nos espera.

¿Cómo podemos erradicar la violencia machista si somos incapaces de controlar la violencia entre los menores? El elemento educacional es el hilo conductor en esta difícil misión de la que todos formamos parte, directa o indirecta,

3º. Inexistencia de voluntad política a nivel normativo y desinterés en acatar los pocos avances llevados a cabo.
En efecto, como ya se ha dicho no existe normativa especial que regule esta materia y exija y articule medios para establecer medidas efectivas en los centros docentes, todo queda en meras recomendaciones, estudios, y poco más, sin que por tanto, se haya plasmado una auténtica voluntad de solventar esta situación. Más por el contrario las escasas medidas que se ha llevado a cabo, parece ser más un mero escaparate político que auténticas herramientas puestas a disposición de los afectado, así proe ejemplo, la atención telefónica creada y el observatorio de acoso escolar, si bien han servido para detectar y poder contabilizar de laguna manera los casos que existen, su función no ha servido de momento más que para ser un mero catalizador social, sin que haya promovido iniciativas legislativas serias ante el alarmante resultado que se ha podido extraer, pues han sido muchos más los casos detectados que los que inicialmente se prevenían. Por otro lado, por las noticias divulgadas en redes sociales y medios, el gobierno lleva varios años sin convocar reuniones del observatorio del acoso escolar, lo cual muestra un grave desinterés por esta cuestión.

Por ello, ALEGATIO ABOGADOS comprometido con los problemas sociales que nos afectan, y en especial, en aras a contribuir con sus conocimientos y experiencias a mejorar los derechos y protección de este especial colectivo, ha creado recientemente el Área de especialización en Acoso escolar y Bullying con el objeto de crear estudios jurídicos y fomentar colaboraciones con entidades sociales sin ánimo de lucro, que puedan impulsar un avance legislativo en esta materia, reclamando mayor protección especializada y una verdadera implicación de los partidos políticos exigiendo normativa especial que regule de forma íntegra los derechos de los afectados, tanto desde la vertiente del derecho material, como del derecho procesal. A estos efectos, iremos dando contenido en este blog trasladando el resultado de estudios y actuaciones llevadas a efecto y pormenorizando sobre los puntos reflexivos aquí transcritos como punto de partida.

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